viernes, octubre 30, 2009

Corazón de Vampiro. Capítulo 4.

Capítulo 4. Salvación.

Erica retrocedió todo lo que pudo hasta que topó con su auto. Los dos vampiros la miraron divertidos.

—No podrás escapar —dijeron al unísono.

Uno de ellos tomó su mano derecha y se la llevó a los labios. Palpo con su lengua la cálida piel de la chica y sonrió.

—Exquisito.

El otro la jaló de la otra mano y la atrajo hacia el. Se colocó detrás de ella y rodeó su cintura con sus brazos. Acomodó su barbilla sobre su hombro izquierdo y posó sus labios en su cuello. Aspiró su aroma y cerró los ojos.

—Regularmente no hacemos sufrir a nuestras víctimas. Sin embargo hoy haremos una excepción —dijo el que estaba recargado sobre su hombro. El roce de su aliento sobre su piel le puso la carne de gallina.

—No... Por favor —suplicó ella. Sus pupilas se dilataron al sentir los dos pares de colmillos penetrar su piel. Erica gritó, pero no escuchó su grito, sólo lo sintió. El pánico comenzó a apoderarse de ella, no sabía porque no se oía su voz y se sentía impotente en aquella situación, sin poder hacer nada más que esperar que la desangraran.

Poco a poco comenzó a sentirse débil, la muñeca y el cuello le ardían, la vista comenzaba a hacérsele borrosa.

Ya no pudo mantenerse en pie y cayó de lleno al suelo. Sentía que la cabeza le iba a explotar. Una mano se le clavo en el hombro con tal fuerza como si fuera de plomo y le estrujó los huesos. Erica gritó de dolor, sentía como la sangre se le derramaba por el pecho empapando sus ropas. El vampiro la levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo y la lanzó contra la pared. Erica escuchó como le crujió la espalda al chocar con el frío cemento. Se quedó sentada en el suelo sintiendo dolorosamente cada uno de sus huesos rotos. Le costaba respirar y comenzaba a notar el sabor de la sangre en su boca. Concentró todas sus fuerzas en levantar la cabeza para mirar a aquellas despreciables criaturas. Se topó con sus ojos azules, encendidos por el olor de la sangre.

Los dos vampiros sonrieron. Erica cerró los ojos, sabía lo que seguiría, ambos se abalanzarían sobre ella en busca del resto de su sangre.

Sin embargo en el último minuto decidió que no moriría temerosa, encararía a los vampiros, lucharía por unos minutos más en aquel mundo. Abrió los ojos justo para ver como los dos vampiros que estaban del otro lado de la calle corrían tan velozmente que solo eran unas manchas borrosas que se dirigían a ella. Erica, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban se levantó y se quedó allí, inestablemente parada sobre sus dos piernas magulladas, respirando con dificultad. Puso sus brazos delante de su cara en un vano intento de protegerla del fuerte impacto que estaba a punto de recibir.

No obstante, en un abrir y cerrar de ojos, un joven, totalmente vestido de blanco estaba entre ella y los vampiros. Sostenía una espada entre sus manos y la apuntaba hacia el cielo, la cual después embistió contra los vampiros luego de que recitara unas palabras en una extraña lengua que Erica no reconoció. La chica cayó al suelo, ya no tenía fuerzas para quedarse de pie. Desde el suelo contempló la lucha. A pesar de que eran dos contra uno, el chico de blanco llevaba la delantera, era muy bueno con la espada, había logrado herir a los dos, heridas que probablemente en un humano habrían sido mortales.

Los dos vampiros comenzaron a dar muestras de cansancio después de un buen rato de batalla, cada vez tardaban más en sanar sus heridas. Finalmente, cuando ambos cayeron al suelo, débiles por sus profundas heridas, el joven de blanco alzó su espada al cielo como había hecho antes de encarar batalla y dijo unas palabras en aquella lengua extraña. Seguido de esto la espada emitió un resplandor verde jade que salía de una extraña piedra que tenía en la guarda. El joven tomó con ambas manos la empuñadura de ésta y la clavó en el pecho de uno de los vampiros. El resplandor verde se hizo más intenso e invadió el cuerpo del vampiro. Segundos después, el vampiro se hizo cenizas, cenizas verdes que resplandecían en la noche. El segundo vampiro terminó de la misma manera.

Erica cerró los ojos. Ahora se sentía segura, ya no lograba sentir más la presencia de aquellos vampiros. El cansancio y el dolor comenzaron a apoderarse de su cuerpo. Abrió los ojos con un esfuerzo tremendo, tenía que ver la cara de su salvador. Al abrirlos contempló unos ojos verdes que se le hicieron conocidos. Cerró los ojos vencida por el cansancio. Antes de caer en aquel sopor que la invadía sintió la presencia del joven de blanco, una fresca y tranquilizadora presencia. Después cayó dormida en los brazos del joven.


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domingo, octubre 25, 2009

Corazón de Vampiro. Capítulo 3.

Capítulo 3. ¿Vampiros de nuevo?

Erica pestañeó. Habría jurado que había visto unos colmillos entre aquellos perfectos dientes blancos. Sin embargo ahora solo sus labios sonreían.

— ¿Qué te parece si comienzas sirviendo los tragos a las mesas? —preguntó con su voz exquisita aquel joven llamado Edwin.

—Sería un placer —contestó Erica y le dedicó una amplia sonrisa. Se sentía extrañamente atraída hacia aquel joven, tanto que hasta le había coqueteado. Pronto se dio cuenta de lo que había hecho y echó a andar para que él no notara que se había sonrojado. Sin embargo una mano fría se enroscó en su muñeca impidiéndole seguir.

En menos de un instante se halló tan cerca de Edwin que podía sentir la textura de su ropa, lisa y suave, sobre su piel.

—Sólo una cosa —cerró los ojos mientras acariciaba una de sus mejillas —no coquetees mucho, me pondré celoso. —sonrió, la miró rápidamente y se dio media vuelta dejándola parada allí sola.

Erica miró a su alrededor, nerviosa al pensar que alguien la había podido haber visto tan cálida con el que parecía ser el jefe de allí, sin embargo, para asombro de ella, ahora se encontraba en una sala circular donde habían pequeños compartimientos con cortinas de una tela de un tenue azul, —casi transparente— en las cuales se proyectaban las sombras de las personas que se hallaban dentro. Se oían los ruidos del amor, tan inconfundibles como siempre y Erica se sintió desorientada. No sabía como rayos había ido a parar allí. Había estado parada cerca de la barra cuando de pronto, en menos de un minuto, se hallaba en una parte totalmente distinta, donde no había gente a la vista.

—Erica —la voz de una mujer la llamó. Ella se giró y vio a la chica que la había atendido hace apenas unos minutos. —Así que el jefe ya te mostró nuestra sala privada. —miró alrededor y pareció mostrar interés en uno de los compartimientos donde se podían apreciar las sombras de dos chicas y un hombre y sonrió. —Suertudo —suspiró. —Vamos, tú aún no trabajarás aquí. —la tomó del brazo y la llevó por un compartimiento que estaba adornado con una cortina de cuentas plateadas. Al pasar por ella se encontró con lo que era el bar que estaba abierto a todo público.

Erica se sintió confusa, no recordaba haber pasado por una puerta con una cortina con cuentas plateadas colgando, sólo recordaba el hermoso y perfecto rostro de Edwin. Erica comenzó a preocuparse. Haberse desconectado de la realidad a tal extremo al mirar a aquel joven era bastante serio. Sin embargo decidió ocuparse de aquellos inquietantes pensamientos al llegar a su casa, ahora tenía un trabajo que hacer.

—Emmm… disculpa, ¿cómo es que te llamas? —le preguntó a la joven de piel bronceada.

— ¿Eh? Ah… mi nombre, si claro, soy Sara Collins —le sonrió y le tendió la mano. Erica la estrechó —, mucho gusto.

—Igualmente. Entonces, ¿por donde empiezo?

—Ah… esto… ve a la mesa que esta allí —señaló con el dedo una mesa redonda donde estaban sentados dos hombres de edad madura y volvió a dirigir la vista a unos papeles que al parecer la tenían ocupada —y pídeles la orden. Recuerda, esto no es un Men`s Club así que no te pueden tocar ni mucho menos pedirte que hagas nada. ¿De acuerdo?

—Sí, de acuerdo. —tomó una de las libretas que estaban el los compartimientos de la barra y una pluma, respiró hondo y con paso decidido de dirigió a la mesa.

Al llegar los dos hombres interrumpieron su conversación y la miraron con una sonrisa en los labios. Erica los miró. Los dos eran muy parecidos, su cabello era de un color rubio oscuro y ondulado. Sus ojos eran azules y sus facciones bien parecidas, a Erica le recordaron a aquellos retratos de personas importantes de los siglos XVII y XVIII.

— ¿Puedo tomar su orden? —preguntó ella con una pequeña sonrisa mientras acomodaba la libreta en su mano.

—Eso y todo lo que quieras —contestó uno de ellos, quien no dejaba de mirarla.

—Tranquilo Phillip, hoy venimos solo por un trago. —contestó el otro. —Queremos dos “OP especiales”.

—Enseguida los traigo. —Erica nunca había oído hablar de aquella bebida, pero asumió que sería alguna especialidad de la casa.

Al llegar a la barra le pidió a Sara las bebidas. A Erica le pareció ver un brillo extraño en los ojos de la chica al escuchar la bebida que acababan de pedir.

—Espera un momento. —Sara salió disparada hacía una puerta que tenía una cortina de tiras de papel dorado. Al cabo de unos segundos regresó. Obviamente estaba preocupada, aunque trató de ocultarlo al ver a Erica.

—Querida, yo atenderé esa mesa. Tú atiende las del lado izquierdo por favor. —le sonrió y se fue aprisa hacia la mesa de aquellos caballeros con una charola sobre la que reposaban dos copas con un líquido color rojo escarlata.

A Erica le pareció muy extraño todo eso, pero decidió dejarlo a un lado, después de todo ése era su primer día, aún tenía que acostumbrarse.

El resto de la noche pasó igual. Entre humo de cigarro, música estridente en alemán, y una increíble cantidad de chicos guapos. En su primera noche, había ganado unos mil pesos tan solo de propina y una docena y media de pedazos de servilletas con números telefónicos. Sin embargo a nadie le había prestado demasiada atención. Sólo tenía ojos para Edwin y había decidido no ponerlo “celoso”.

Eran las tres de la mañana cuando terminó toda la acción en el bar. Sara le dijo que recibiría su paga semanalmente y que podía dejar su carro en el estacionamiento. Dicho esto y después de haberse despedido Erica salió a la calle. Había dejado su auto unas calles más allá por miedo a que estorbase a los clientes. Se puso su chaqueta y se encaminó a su auto. Al llegar a la calle donde había aparcado, divisó dos siluetas recargadas sobre la pared unos metros más atrás de su auto. Erica se puso nerviosa y su corazón se aceleró. Sus pasos resonaban en la calle desierta, sin embargo las oscuras siluetas no se movieron. Aceleró el pasó. Agarró sus llaves con fuerza y metió una en la cerradura, sin embargo algo la hizo volar y quedó al otro lado de la calle. Erica soltó un gritito y se volvió. Los dos hombres rubios que había atendido en el bar estaban frente a ella, sonrientes y con un brillo macabro en los ojos.

— ¿Por qué nos dejaste en el bar, Erica? —dijeron los dos al mismo tiempo. Eran tan parecidos que uno parecía el reflejo del otro en un espejo. —Nos pusimos sumamente tristes…

—…y ansiosos… —dijo sólo uno.

—Yo… yo… no tuve nada que ver con eso… fue Sara la que me pidió que atendiera las otras mesas…

—Sí, sé que fue Sara —la interrumpió uno de ellos.

—Sin embargo, ahora puedes recompensarnos… —los dos sonrieron y Erica vio con horror que dos pares de colmillos la saludaban.

Erica retrocedió con terror.


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domingo, octubre 18, 2009

Versión Halloweenesca

Halloween ya se acerca, motivo por el cual he decidido ponerle al blog esta versión para entrar en ambiente xD. Espero que les agrade y que, por supuesto sigan leyéndome. Pronto me pondré a trabajar en el próximo capítulo, pero es que en estos momentos no he tenido grandes ideas al respecto (ya saben, crisis de escritora) pero les prometo que me pondré las pilas. Sin más por el momento me despido, cuídense mucho y por supuesto, sean felices.

Besos

jueves, octubre 08, 2009

Edición C.V.

Como han visto, he cambiado muchas cosas, incluso el enfoque de la historia, aún así espero que les agrade a los que se toman la molestia de leerme. Como verán, hay muchos cambios, he vuelto a rehacer el capítulo dos totalmente, también les adelanto que profundizaré en los personajes, en lo que sienten, piensan, quieren… etc. así como en su pasado.

Bueno, creo que esto es todo por ahora, si al leerme, notan que me estoy volviendo aburrida o tediosa, les pido que me lo digan en sus comentarios, pues después de todo para eso son, para mejorar la historia. Bueno, me despido no sin antes mandarle un enorme abrazo a Nay, Aikito y claro, a todos los que se pasan por aquí.

Besos!!!

 

Pam Black

Corazón de Vampiro. Capítulo 2 (Editado)

Capítulo 2. Primer encuentro.

Erica asustada, se levantó y tomó una posición defensiva.

— ¡Mamá! ¡Papá! ¡Sam! —gritaba ella con lo poco que le quedaba de voz. Sentía la garganta seca. — ¡Contéstenme! —había comenzado a caminar cuando una mano le agarró el brazo.

—Se han ido. —le susurró una voz masculina al oído.

— ¿C-cómo que se han ido? No, ellos están… están por aquí. Yo… yo… —comenzó a llorar. Sus piernas débiles le fallaron y cayó al suelo de rodillas.

—Debemos irnos. Es peligroso seguir aquí. Vendrán por sus cuerpos por la mañana.

— ¡NO! —Gritó — No podemos dejarlos aquí solos, vendrán más y… y… — no pudo seguir.

—Te aseguró que no vendrán. Vamos.

Pasó uno de los brazos de Erica sobre sus hombros y la ayudó a caminar. Sus pies al caminar sobre la sangre esparcida en el suelo producían un sonido repulsivo. Erica comenzó a sentir náuseas pero se contuvo.

Al salir de la casa, la luz de los faroles le rebeló la identidad de su salvador. Era el cazador. Erica lo miró, su cerebro estaba paralizado, le costaba procesar las cosas. No entendía nada.

— ¿Qué-que ha pasado? ¿Por qué nos atacaron? No… no lo entiendo… —tapó su rostro con sus manos. Comenzó a temblar. Hacía frío.

—Yo tampoco lo sé. Es muy extraño… —miró hacia el cielo pensativo. —Ahora debo llevarte al hospital, allí te darán ropa limpia. —miró a la chica con pena, estaba hecha un desastre, sus ropas estaban manchadas con sangre y su blusa estaba echa jirones. Las lágrimas le brotaban como caudalosos ríos. —Estarás bien.

El cazador la encaminó hacia su motocicleta. No entendía porque se comportaba de ese modo, jamás se involucraba con las víctimas, pero había algo en ella que le impedía ignorarla. La ayudó a subir a la moto y en cuanto estuvo asegurada, arrancó la moto.

Erica se abrazó con fuerza al cuerpo del cazador cuando la moto echó a andar. Sentía que el viento gélido la penetraba hasta los huesos. Comenzó a llover. Las pequeñas gotas de agua humedecieron su cabello. El cuerpo cálido del cazador apenas la salvaba de la hipotermia. Se abrazó con más fuerza. Los brazos comenzaban a entumírsele.

Erica había vivido una vida perfectamente normal, se había criado en una familia unida, había vivido en una casa donde reinaba el amor y la comunicación, había sido educada con cariño y preocupación por su bienestar, sin embargo todo eso cambio el día que se encontró por primera vez con un vampiro. Ese día, toda su vida cambió, esa seguridad y amor que Erica creía llevar dentro de ella se esfumó en cuanto vio los ojos azules de aquel vampiro en esa calle solitaria. A partir de ese momento Erica maduró de una forma dura, quedándole así una cicatriz que llevaría consigo hasta el fin de sus días.

Después de que el cazador la dejara en el hospital aún en estado de shock, Erica permaneció unas semanas en el hospital. Vendió una de sus casas y se fue a vivir a un departamento en La Condesa, Ciudad de México.

Mientras cepillaba su cabello largo y castaño, se preguntaba que sería de ella. Con el dinero que le quedaba no le alcanzaba para vivir, así que pensó en buscarse un trabajo. No sabía que haría, no había terminado su carrera y en esos momentos no se sentía con ánimos para estudiar. Se levantó de la cama y se metió a bañar. Al mirar su reflejo en el espejo se le ocurrió una idea.

A la noche siguiente, y después de haberse conseguido ropa apta para la descabellada idea que acababa de ocurrírsele, se dirigió a un bar que había visto el día que se mudó.Vestida con pantalones entallados, tacones altos y una blusa que no dejaba mucho a la imaginación, entró al establecimiento. Varias miradas recorrieron su cuerpo con deseo, otras con envidia. Algo sonrojada pero con paso decidido se apresuró al mostrador. Una chica bronceada, de cabello negro y chino la miró y le sonrió.

— ¿Qué se te ofrece? —le preguntó con una mirada seductora.

—Quisiera pedir trabajo. —le sonrió y se colocó una mano en la cintura.

—Ahora no necesitamos a nadie más… Pero claro… Podría hacer una excepción… EDWIN!!! —gritó mientras volteaba a su derecha. Erica también miró.

Un chico delgado y alto, que atendía a un par de chicas en la barra volteó a verlas. Al encontrarse sus miradas, Erica sintió un escalofrío y una extraña sensación de que ya lo conocía.

El chico se acercó. Era tremendamente guapo. Erica no podía quitar su vista de él, tenía algo hipnótico. Él la miró y le sonrió como si se conocieron y tuvieran un largo tiempo de no verse. Erica se sintió extraña.

— ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? —sus ojos verdes la observaban con atención.

Erica se sonrojó un poco. Pero contestó con voz firme.

—Soy Erica —le tendió la mano y le sonrió —, quisiera trabajar aquí.

Edwin le estrechó la mano y Erica sintió su frío tacto.

—Ya estás dentro. —una amplia sonrisa surcó sus labios, dejando ver unos dientes increíblemente blancos y unos pronunciados colmillos.


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sábado, septiembre 19, 2009

Bueno, antes que nada quisiera decirles que voy a cambiar unos cuantos capítulos de la historia que estoy escribiendo (Corazón de Vampiro) pues creo que no son lo suficientemente buenos, además de que a mi parecer faltan bastantes detalles. En fin, espero subir pronto los demás capítulos. Por el momento les dejo el primero editado.

 

Capítulo 1. Vida por muerte.

Los pies se le enredaban con el empedrado de la calle, la cual parecía más grande a cada paso que ella daba. Las lágrimas le rodaban por las mejillas. Mientras trataba de escapar se aferraba a la esperanza de huir con todas sus fuerzas. Las piernas le dolían y las sentía calientes y doloridas por el esfuerzo de correr calle arriba. Alargaba el brazo tratando de alcanzar la calle perpendicular pero no importaba cuan rápido sentía que corría, parecía que no se movía del mismo lugar. Sentía sus pasos detrás de ella, sentía cómo cada vez se acercaba más y más. Casi podía ver el rojo encendido de sus ojos, casi podía sentir sus frías manos tocarle los hombros por detrás…

Corría y corría tratando de escapar, no podía darse por vencida, aún tenía oportunidad. Forzó a sus débiles piernas a seguir, sintiendo dolorosamente cada paso que daba.

Al final de la calle, otro de “ellos” la esperaba. Se detuvo y buscó una salida de aquella tenebrosa escena, pero no había ninguna. Se hallaba acorralada.

Tomó una posición defensiva, lista para soltar el primer golpe cuando el peso del esfuerzo realizado cayó sobre ella. Y aunque las piernas le temblaban no abandonó su posición. El que la había perseguido desde abajo fue el que se acercó a ella, con sus relucientes ojos en la oscuridad y una sonrisa de satisfacción arrugando sus finas facciones. Era hermoso.

Ella se sobresaltó al ver su aspecto. Por un momento casi se sintió tranquila, pero sus ojos encendidos como el carbón le hicieron recuperar la razón.

Él le extendió su pálida mano. Ella la miró por un instante con curiosidad, tentada.

Deliberadamente y sin hacer caso de sus instintos la tomó. Él sonrío. “Perfecto, no esperaba menos de ti preciosa” musitó con una voz deliciosa.

Se quedó atontada contemplando su bella y esbelta figura. Todo en él tenía una armonía que lo hacía lucir perfecto, el cabello rubio y liso le caía por los hombros y sus labios rojos resaltaban de entre su piel blanca. Tan descarada hermosura cegaba sus ojos.

Él la acercó lentamente hacía su cuerpo y la envolvió con sus brazos, apretándola contra su pecho. Ella comenzó a sentir escalofríos y la respiración comenzó a faltarle. Mientras él la miraba fue abriendo sus labios. Sus colmillos relucían en la oscuridad. Él se rió y la acercó a su rostro. Posó su boca en el cuello de la chica, exhalando contra su piel su frío aliento. El pulso se le aceleró y sus colmillos la penetraron. Finos hilos de sangre escurrían por su cuello y hombros. Ella sentía que sus ojos se iban a salir de su lugar mientras trataba de gritar. Él la tenía levantada y la apretaba fuertemente contra su cuerpo impidiéndole respirar. Ella fue perdiendo el conocimiento hasta que ya no sintió más dolor.

Despertó tirada en la calle. Con la lluvia y el frío rozándole la piel. Débil sin saber el porque hasta que los dolorosos recuerdos emanaron del rincón más oscuro de su mente. Miró sus ropas ensangrentadas y rasgadas y quiso levantarse pero los párpados comenzaron a pesarle. La vista se le nubló y el corazón comenzó a debilitársele. No pudo más y se quedó dormida.

Cuando recobró el conocimiento estaba en el hospital. Una enfermera se encontraba a su lado poniéndole una solución en la bolsa del suero. Pronto comenzó a sentir cómo sí corriera ácido por sus venas. La enfermera volteó hacia ella al darse cuenta de que estaba consiente.

—Oh cariño, veo que ya despertaste. No te preocupes, nena. Te rescataron a tiempo, si hubieran pasado algunos minutos más no hubiéramos podido parar la hemorragia.

Ella estaba desconcertada, la voz de la enfermera le irritaba. Sonaba tan tranquila y dulce. No la soportaba.

Le pidió que apagara las luces pero no le hizo caso.

—Oh, enseguida cariño—, dijo con voz despreocupada— Iré por tus medicamentos y vendré a apagarla—. Salió por la puerta moviendo su gran trasero y no regresó.

— ¡Demonios!— dijo en voz baja mientras arrugaba la cara por el dolor. No podía hablar, sentía que se le rompían las costillas.

—Yo podría apagarla, si quieres…— una voz desconocida contestó.

Ella giró su cabeza hacía la dirección de donde provenía la voz. Al fondo de la habitación había un hombre sentado en una silla. Era joven, como de unos veinticinco años, de piel blanca y cabello negro y largo hasta los hombros. Parecía un vampiro. La respiración se le cortó. “Es uno de ellos” pensó. “Uno de los que me han atacado”. El pánico comenzó a apoderarse de ella e intentó gritar pero no tenía voz.

El hombre se levantó y comenzó a acercársele. Ella intentó levantarse de la cama pero estaba muy débil.

—Dije que yo podría apagarla…—insistió.

En un segundo ya estaba al pie de la cama. Al tenerlo tan cerca pudo verle mejor. Tenía un gran parecido a un vampiro. Pero sus ojos… Sus ojos eran de un hermoso color azul y no rojos. Ella se quedó desconcertada. Él sonrió.

Comenzó a hablar con una voz calmada. La miró a los ojos y sonrió de nuevo.

—No creerás que vine a chuparte la sangre, ¿o sí?—dijo burlándose. —Ese no es mi estilo. ¿Entonces, quieres que la apague o no?

—Si-í…—respondió nerviosa.

—Perfecto— caminó hacía el interruptor y lo apagó. Era muy guapo.

Sus ojos dejaron de arder.

— ¿Quién eres?

—Soy un cazador. ¿Y tú?

—Me llamo Erica— dijo la chica sonriendo—. Y gracias.

Él la miró desconcertado. No comprendía la razón de sus últimas palabras.

—Tú me salvaste, ¿no?

—Nunca te adelantes a las cosas.

Dicho esto salió por la puerta agitando su gabardina negra.

Erica estaba a punto de levantarse para seguirlo cuando su familia entró a la habitación.

—Oh Erica. —su madre se arrojó sobre ella, la abrazó tan fuerte que casi la asfixia. — ¿Estás bien mi pequeña? Tenía tanto miedo de que… Bueno tu entiendes —se alejó de ella y su padre la abrazó entonces.

—Hija, me alegra que estés bien. No sabes, cuando lo supe me sentí tan mal de no haber pasado por ti. Prometo que jamás sucederá. Lo prometo. —La abrazó con fuerza. —Te quiero hija.

—Yo también papá. Los quiero a todos.

— ¡Hermana! —gritó una niña pequeña que se lanzó a sus brazos. —Me alegra que estés bien. ¿Fue emocionante?

—Samantha, ¿qué te hemos dicho al respecto?

—Lo siento mami. Te quiero hermana.

Horas después Erica salió del hospital aun muy adolorida. Salió sabiendo casi nada de lo que había pasado. Nunca supo el nombre del vampiro que la atacó, ni del cazador. Se había ido sin ni siquiera decirle su nombre.

Ella y su familia subieron al auto y comenzaron el viaje camino a casa. Estaba oscureciendo y los recuerdos comenzaban a volver a la mente de Erica. Un profundo temor se instaló en ella. Se acurrucó en el regazo de su madre y cerró los ojos. Tenía un mal presentimiento.

Bajaron del auto. La noche era templada y parecía tranquila. Erica estaba nerviosa, le costaba trabajo respirar, olía una esencia extraña en el aire. Sólo tenía que cruzar la calle y estaría a salvo dentro de su casa.

Al abrir la puerta, su padre le cedió el paso primero. Erica entro nerviosa, temerosa de la oscuridad. Fue entonces que oyó un ruido. Alguien corrió hacia ella. Pasos rápidos y pesados. Algo pesado se lanzó contra ella haciéndola caer.

— ¿Qué demonios? —gritó su padre desde fuera.

— ¡AAAAHHHH! —gritó su madre. — ¡Corran!

Su hermana lloraba, unos gritos desgarradores escapan de la boca de su madre mientras Erica forcejeaba con un vampiro que luchaba por llegar a su cuello.

— ¡Papá! ¡Papá! ¡PAPÁ! —Gritaba Erica pero no había respuesta — ¡PAPÁ! ¡PAPÁ!— poco a poco sus fuerzas se desvanecían, no podría aguantar más la lucha.

¡BAM! ¡BAM!

Erica se sobresaltó al escuchar dos disparos. La criatura que tenía encima dejó caer todo su peso sobre ella.

— ¡Ahhh! —gritó aterrorizada al sentir como un líquido caliente le escurría por todo el cuerpo. Creía que la había mordido. Sin embargo no sentía nada y la criatura que tenía encima no se movía.

Alguien quitó el cuerpo que tenía a Erica aprisionada.

—Levántate —le ordenó una voz familiar.



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Corazón de Vampiro. Capítulo 8.

Inevitable

— ¿Q-qué?

Edwin la miraba con sus penetrantes ojos verdes sin saber como empezar.

—Pasó hace unos años, cuando naciste. Eres hija de vampiros Erica. Eres la hija de dos buenos amigos míos. Así que te conocí desde que eras un bebé. Mira, te voy a explicar, los vampiros se reproducen de una manera muy peculiar. Sus hijos nacen humanos para que puedan crecer y fortalecerse y, cuando llegan a la madurez, son convertidos en vampiros, de lo contrario morirían.

“A lo que nosotros llamamos madurez es cuando un hijo de vampiro llega a una edad entre los diecinueve y veintiún años. Y Erica, tu tienes veinte, estás a muy poco de cumplir los veintiún años. ¿Entiendes lo que eso significa?

— ¿Y que sucede si no dejo que me conviertas? —preguntó enfurruñada.

—Bueno, primero tu organismo comenzará a cambiar. Poco a poco tus necesidades cambiarán, ya no podrás comer la comida que acostumbras, te alterarás y tus emociones serán un caos. Entonces, como tu metabolismo está diseñado para ser un vampiro y como tu no serás capaz de satisfacer sus necesidades poco a poco te irás alimentando de ti misma, ¿entiendes a lo que me refiero? Morirás, te matarás a ti misma. —Edwin la miró con ojos preocupados. Erica le sostuvo la mirada.

— ¿De verdad moriré?

—Sí. Dime Erica, ¿por qué no quieres convertirte? —apartó la mirada de su rostro para que ella no viera lo que estaba sintiendo en ese momento. No comprendía porque ella no quería convertirse, lo que hasta cierto punto le irritaba.

—Es solo que… Me da miedo —volvió la cabeza hacia otro lado, sentía vergüenza. Notó como las mejillas se le ponían calientes.

— ¿Miedo de que? —Preguntó él mientras se acercaba a ella y alzaba su barbilla con una de sus manos — ¿No quisieras estar a mi lado por siempre? —la miró intensamente antes de acercarse más a ella y besarla tiernamente.

—No… no es eso… Claro que sí… —no podía concentrarse bien, sus labios, su aliento, su piel… todo la hacía perder control sobre sí misma —Es solo que no he tenido buenas experiencias con los vampiros… —dijo rápidamente mientras tenía aire. Estaba comenzando a hiperventilar.

— Ah… Bueno, te entiendo, pero matar está en nuestra naturaleza Erica. Y quiero que entiendas que no te convertirás en una clase tres, ellos son vampiros que antes fueron humanos, tú siempre has sido una vampira.

Erica lo miró. Él tenía razón, peor aún así no terminaba de comprender las diferencias entre vampiros. Para ella eran todos iguales. Aunque tuvieran orígenes distintos todos era hermanos, hermanos de muerte.

— ¿Dolerá? —preguntó ella.

—Sólo un poco, en lo que tu cuerpo cambia.

— ¿Y lo puedes hacer cualquier día o es una especie de ritual?

—Basta con que tú estés lista.

— ¿Podrías esperarme un poco más?

—Por supuesto.

—Gracias —acercó su rostro al de ella y lo besó. —Te quiero, sólo que no estoy preparada aún. ¿Tú sí?

—Lo he estado desde que te vi la primera vez —le sonrió y le devolvió el beso. — ¿Te importa que duerma un poco? Llevo todo un día sin dormir.

—No claro que no, ponte cómodo. Yo estaré en la sala.

—Gracias.

Erica salió de la habitación. Se sentó en el sofá que aún seguía manchado y comenzó a pensar. ¿De verdad estaba lista para amarlo?

Pasaron semanas y ella seguía evitando hablar sobre su conversión. Edwin se había mudado a su departamento, estaba preocupado por ella, no quería que sufriera.

Esa mañana, antes de que Erica se fuera al trabajo, entró a su habitación a despedirse de Edwin.

—Ya me voy —dijo casi en un susurro.

—De acuerdo, cuídate, hoy no podré pasar por ti, tengo que arreglar unos asuntos. Regresa con cuidado. ¿Sales a las once cierto?

—Sí.

—Bueno, con doble cuidado te vienes. Ojalá alguien pueda traerte.

—Ya veré yo. Me voy, se me hace tarde. Cuídate amor. —Cerró la puerta no antes de mandarle un beso con la mano.

Edwin estaba sentado en la banca de un parque mirando las estrellas y admirando la cantidad de olores que se arremolinaban debajo de su nariz. Era ya muy tarde y muy pocos se aventuraban a entrar al parque.

—Encantador. —susurró Edwin. Miró su reloj, eran cuarto para las once de la noche. —Tarde de nuevo. Como siempre.

Del otro lado del parque, un chico pelirrojo venía caminando. Edwin se acomodó en su silla. Pronto el chico llegó a donde él y se sentó a su lado.

—Perdona la tardanza. Tuve un inconveniente.

—Descuida John. ¿Qué averiguaste?

—Está confirmado por los cazadores que hay un vampiro acechando en la ciudad. Ha habido varias muertes y todas han sido disfrazadas como muertes naturales. Aún no saben la identidad del vampiro. Los únicos datos que se tienen, son que es muy joven -como todos- rubio y de ojos azules. Lo sabemos gracias a que dejó a una chica medio viva, la pobre esta infectada, el vampiro esta infectado con el virus V3 y ella pronto se convertirá en clase tres, bueno, si es que los cazadores aún no han intervenido.

“No puedo creer lo asqueroso que es esto, el maldito gobierno nos miente a todos, ¡pone en peligro a todos! ¡Maldita sea! ¿Puedes imaginar el daño que puede ocasionar esto? Decenas de personas inocente infectadas Ojala pudiera hacer algo.

—No te presiones, no esta en tus manos. Tengo que irme ya. Sólo cuídate ¿de acuerdo? Si se enteran que tienes amistad con un vampiro te quedarás desempleado, si te va bien. Adiós chico.

—Sí, nos vemos.

Mientras caminaba, Edwin pensaba en Erica. Tenía un muy mal presentimiento. Un vampiro rubio y de ojos azules. Parecía saber de quien se trataba.

Era una noche fría, pésima para la ropa que llevaba puesta Erica. No había llevado ropa para cambiarse porque se le había echo tarde en la mañana. Nadie había podido llevarla a su casa así que decidió caminar. Parecía una noche tranquila.

Sus pasos resonaban en la calle vacía con un eco húmedo, la lluvia no había cesado en toda la tarde. Erica se sentía agradecida de que oportunamente hubiera cesado al salir del local. Un gélido viento sopló haciendo ondear los tablones de su falda. Rápidamente pasó sus manos sobre ellas tratando de impedir que se levantaran más. El viento sopló más fuerte y Erica al tratar de acomodar su falda tiró los patines que llevaba colgados en su hombro izquierdo provocando así un estruendo en la silenciosa calle.

— ¡Demonios! —susurró ella. Se arrodillo sobre la húmeda banqueta y comenzó a juntar sus cosas. Una mano blanca se enrolló alrededor de uno de sus patines.

— ¿Quieres ayuda? —le preguntó un chico de cabellos negros. Unos familiares ojos azules la miraban intensamente.

>> Bueno aquí termina esta entrega, se que me tarde un poco, pero no había tenido la suficiente inspiracion para escribir. Espero que les guste.

Gracias a todos lo que se pasan por aquí. Besos. <<



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