Hola mis apreciables lectores, hoy les traigo algo nuevo,es una historia nueva en la que he estado trabajando en los últimos meses, es de fantasía y no, no hay vampiros, pero les aseguró que no los defraudaré, les dejo algo así como el origen de toda la historia. Espero que les guste.
Mordiscos.
LA LEYENDA DEL ORIGEN DEL DEMONIO DE OJOS MORADOS
Los habitantes del Reino de la Luna eran personas esbeltas, altas y con largas cabelleras que iban del blanco al rubio platinado pasando por el plateado intenso. Sus ojos la mayoría de las veces eran grises o plateados. Tenían la piel muy blanca, casi transparente y suave. Sus movimientos eran tranquilos, como si el correr del tiempo no aplicara en su vida diaria. Creían en los astros, su diosa era la Luna y le rendían culto cada que se llenaba.
En aquel reino no existía el sol. Allí la única fuente de energía era la Luna, que era la que le daba calor y luz al reino, y cada 29 días, cuando se ponía la Luna Nueva, los habitantes se quedaban en sus casas para no morir fuera en la oscuridad fría y mortal del Novilunio.
El gobierno del Reino de la Luna era una monarquía hereditaria, que desde hace centenares de años se hallaba bajo el poder de los Luneris, una familia noble que databa de la época de la Luna Fundadora.
Su gobierno había sido justo, se habían repartido las riquezas entre los habitantes y habían gozado de décadas de paz y prosperidad hasta que un día el cielo se rasgó y de él emanaron cegadores rayos blancos. La intensidad de la luz y del calor mató a docenas de delicados lunarios haciendo que Luter, el Rey de la época de la Luna Cuarta se presentara ante los rayos que provenían del cielo.
“¿Qué es lo que queréis del Reino de la Luna?” pronunció el Rey hacia los rayos blancos que bajaron de intensidad por unos instantes.
“Queremos su energía, nuestro Edén muere y el calor y la luz del sol se extingue…” respondió una voz masculina que se oía muy lejana. “… necesitamos vuestra Luna, somos vuestros dioses que les piden la misericordia con la que les tratamos a vosotros”
“Eso no lo puedo permitir” replicó el Rey a su vez. “No puedo permitir que mi gente muera… Sólo nuestra ayuda podemos ofrecerles, no importa quienes digan ser”
“Eso no es suficiente” protestaron los rayos. “Si no hacemos nada ahora nuestras vidas se agotarán al intentar mantener al sol con vida, necesitamos un lugar que aún tenga energía propia, o sino el lugar donde habitan los dioses se habrá extinguido, y por consiguiente nosotros también…”
“Pues lo que buscan no lo encontraréis aquí” contestó el Rey, “Podéis iros con vuestros rayos a causar desdicha en otro lugar”
“La desgracia caerá sobre vuestro Reino, Lunerio egoísta, os maldigo a que el infortunio caiga sobre vuestras cabezas y el demonio de ojos morados nazca del vientre de la mujer más bella del reino… Que estas palabras sean recordadas por vosotros Lunerios, por haber condenado a sus dioses creadores a la mortalidad… ” Dichas estas palabras, los rayos se extinguieron tan rápido como aparecieron.
Desde entonces, cada cuatro años se busca a las mujeres más bellas del pueblo y se les sacrifica cada Novilunio en ofrenda a los dioses que pidieron ayuda a los mortales y se la negaron. Más bien para apaciguar su ira.
Durante siglos este ritual formó parte importante del Reino hasta que inició la época de la Décima Luna, cuando el miembro más joven de los Luneris subió al trono, enamorado, claro está, de Mune, la mujer más bella del Reino.
A cualquier hora del día lunar se le veía danzar por las calles contoneando sus caderas de un lado a otro mientras caminaba. El rey estaba enloquecido por aquella muchacha que era feliz siendo bella, por aquella única joven que no lloraba a cántaros cuando los hombres le decían que era la mujer más bella que habían conocido.
Lo que los habitantes del Reino no sabían era que, desde antes de ser Rey, Lunum se había comprometido con ella, había jurado casarse con ella y librarla de su muerte segura el siguiente Novilunio. Tres meses después de haber subido al trono, Lunum se casó con Mune después de haber eliminado la ley del ritual de sacrificio en nombre de los dioses.
Entonces la vida en el reino cayó en desgracia. Una fuerte epidemia se desató sobre la tierra lunar del reino enfermando a niños y jóvenes. Hubo sequía y la energía de la Luna disminuyó hasta tal grado que no hubo cosechas. El reino estaba enfadado con Lunum, pero este le encargó a los hechiceros del reino solucionar el problema para volver al lecho a lado de su esposa.
Nueve meses después, Mune cayó enferma con el primogénito de Lunum en su vientre. Los lunarios estaban felices, creían que ambos, madre e hijo morirían y la fortuna caería de nuevo sobre el Reino de la Luna, sin embargo, Mune dio a luz a una pequeña antes de sucumbir a la muerte.
“Cuídala Lunum, hazlo por mí, por nuestro amor, por las noches que fuimos felices juntos… no dejes que la maten, Lunum, por favor, prométemelo…” exigió Mune con su último aliento.
“Lo prometo Mune, amada mía, lo prometo, por ti y por nuestra hija…” instantes después Mune yació muerta entre los brazos de su esposo. Lunum la acomodó en las suaves sábanas y tomó a la pequeña criatura entre sus brazos. Lloraba tan dolorosamente como él, lloraba por la muerte de su madre y no por el dolor de sus pulmones al aprender a respirar, las lágrimas que escurrían de sus pequeños ojos cerrados eran de tristeza.
Lunum la apretó contra su pecho y secó sus lágrimas. El tacto de su padre hizo que la bebé dejara de llorar y entonces abrió los ojos. Lunum quedó horrorizado al encontrarse unos intensos ojos morados que lo miraban con adoración.






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